Combustible para el cerebro

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Adelgazar y bajar de peso no son sinónimos
Imaginemos que en el organismo tenemos dos tanques de combustible que necesitan carbohidratos para funcionar: el cerebro y el músculo.
Si el cerebro no encuentra carbohidratos para funcionar, destruye al músculo; por el contrario, si el músculo es el que no encuentra combustible, utiliza la grasa almacenada.

Al someternos a dietas de ayuno o incluso consumir bebidas que sólo contienen edulcorantes artificiales, el cerebro no encuentra carbohidratos para funcionar y los primeros días se abastece buscando combustible en el hígado (donde tenemos un almacén de azúcar llamado glucógeno). Por cada molécula de glucógeno que el cerebro utiliza, desprende varias de agua, lo que nos provoca deshidratación y bajamos tres kilos de peso que corresponden a varios litros de agua y cuya ausencia nos dará un aspecto de ancianos con la piel seca y arrugada.

Después, cuando el almacén de glucógeno se ha agotado, comenzamos a perder músculo. El músculo se sacrifica para abastecer de glucosa al cerebro.

Al terminar la dieta, estamos felices porque bajamos cinco kilos, aunque realmente lo que perdimos fue agua y músculo, y con ello nuestra capacidad para quemar grasa. Cada kilo de músculo nos ayuda a quemar 45 calorías al día; al perderlo, nuestro metabolismo se vuelve lento y, al dejar la dieta, recuperamos a gran velocidad el peso perdido y aún más.

Adelgazar sin perder la salud

La clave para adelgazar sanamente es dándole al cerebro la cantidad de combustible que necesita y negándoselo al músculo para que éste utilice las reservas de grasa almacenada. Si brindamos combustible al cerebro comiendo solamente una ración de carbohidrato por comida, podremos adelgazar sin flaccidez, e incluso, es posible adelgazar sin perder peso. Algunas personas notan que sus medidas se reducen, aun cuando la báscula no se haya movido. Esto se debe a que el músculo se está reparando. El músculo también pesa, pero cada kilo tiene la consistencia del jamón, mientras que cada kilo de grasa es semejante a la manteca. De modo que si nuestras medidas se están reduciéndose y la ropa que usábamos nos queda floja, es que estamos adelgazando por el camino correcto.

Dura contra la gordura
• El 50% de las personas entre los 30 y los 40 años sufre de sobrepeso.
• La proporción aumenta en quienes ya pasaron las cuatro décadas.
• La herencia genética, el tamaño de las porciones que se ingieren, la calidad de la comida y el sedentarismo, entre otros factores, contribuyen a generar este problema.
• Los genes pueden ser responsables en un 70% del peso. Si uno de los padres está excedido de peso, las posibilidades de tener sobrepeso son más altas (y más todavía si ambos padres tienen esta característica). Aunque, si bien la composición genética puede influir en la tendencia a la gordura o la delgadez, no hereda un peso exacto, sino un rango de posibilidades.
• Una vez dentro de ese espectro, las diferencias se basarán en la rutina alimentaria y el ejercicio físico. Además, aunque una persona tenga alguna similitud de peso con sus padres, debe saber que los genes de apariencia y peso están separados. Por lo que puede ocurrir que tenga la cara de la madre (que es “gordita”), pero haya heredado el peso de su padre que es delgado, o viceversa.
• Por otra parte, un reciente estudio reveló que sólo una de cada cinco mujeres hace dieta de la manera correcta: rebajando calorías provenientes de los azúcares e incrementando el ejercicio.
• El 40% de las dietas de las mujeres sólo se enfocan en la disminución de peso y no de la grasa. Ése es un error: el cuerpo considera todas las calorías de la misma manera, si vienen de los hidratos de carbono, las proteínas o las grasas, es lo mismo, ya que el exceso es grasa.

El ejercicio, fabuloso quemagrasa
• Una de cada tres mujeres que intentan perder peso, hace ejercicios durante 150 minutos por semana, el nivel mínimo de actividad física recomendado.
• El tiempo que se trabaja sentado, viendo televisión o manejando, debe tomarse en cuenta para los fines de la dieta.
• La computadora, la televisión y el control remoto de la puerta del garaje ayudan a ahorrar tiempo, pero con cada ahorro, colaboran con la quema de menos calorías.
• Hay que moverse y estar activo, por lo menos, entre 150 y 200 minutos.
• Las nuevas recomendaciones hablan de 30 minutos de actividad diaria, en periodos intermitentes de 10 a 20 minutos.
• Se recomienda caminar, hacer actividades como lavar el automóvil o barrer.

Evita:
• Comer de los platos de los niños.
• “Picar” mientras cocinas
• Competir con tu marido mordisco a mordisco (en promedio, los hombres queman 25% más calorías que las mujeres). A menos que seas significativamente más activa que tu esposo, si tú comes tanto como él, seguramente engordarás unos kilos.

 

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