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Comer por ansiedad

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Creatas/Dynamic Graphics/ThinkstockUno de los problemas más comunes en la actualidad es tomar la comida como una solución para calmar la ansiedad y el estrés del día, cuando lo único que obtenemos con eso es subir una talla.

Si tu habitat natural es el cubículo de tu oficina y tus caminatas son a las oficinas de tus compañeros de trabajo y a la copiadora más cercana, es muy possible que ni siquiera te fijes en lo que comes, o bien que tranquilices el estrés del día con una serie de comida que tu cuerpo no necesita.

Haz memoria y trata de recordar  si desde que eras estudiante has tenido “un agujero en el estómago” en cada examen –aunque éste sólo durara 30 minutos- y así has continuado cada vez que vas a entrar a una junta.  Para ser claros, la mente funciona siguiendo patrones desde la infancia o la juventud y perduran para toda la vida si no nos damos cuenta de ello y no cambiamos nuestros hábitos.

Todo lo que trates será en vano mientras no cambies tus hábitos  y te alimentes de una manera racional y constante, no vale que solo sea durante el verano, o que hagas una dieta durante dos semanas.

Los hábitos cambianStockbyte/Thinkstock

Cuando tienes 18, te puedes dar el lujo de pedir un hot dog cada vez que vas al cine, a los 21, tal vez sea mejor que cambies por una ensalada griega con una baguette  integral a la hora de la cena, porque si no lo haces muy probablemente deberás pasar el resto de tu vida haciendo dietas.  Esto que parece una disciplina muy fácil de seguir, muchas veces se rompe por los compromisos sociales  o por el estrés al que estás sometida toda la semana, los snacks que consumes entre horas pueden ser un calmanate de la ansiedad pero en términos prácticos son un peligro.

Un pensamiento que puede ayudarte a no comer de más es hacer conciencia de tu relación con la comida y no entrar a la cocina a menos que tengas un propósito específico: desayuno, comida y una merienda ligera.  Responde con sinceridad si hay otros motivos que te hacen entrar y salir buscando algo en el refrigerador: ¿soledad que se compensa comiendo? ¿falta de acitivdades o intereses diversas? ¿falta de reconocimiento en la escuela o el trabajo?  Si tú enfrentas este tipo de problemas estarás en el camino de resolverlos y no por la vía de la comida.

La comida a través de los años

iStockphoto/Thinkstock¡Sorpresa! La alimentación que llevabas a los 18 años: “me da un hot dog y un refresco por favor”, no refleja en tu cuerpo de la misma manera.  Con un sencillo recuadro te decimos qué sucede en cada década.

20’s. Es cuando los Buenos hábitos alimenticios se construyen y se forma la densidad de los huesos.  Te recomendamos consumir alimentos nutritivos y alimentos no refinados (harinas y azúcares), fibra y granos enteros.

30’s. Mejor que eliminar ciertos grupos alimenticios o reducir al mínimo las calorías, come menos y aumenta uno o dos refrigerios saludables al día.  Balancea carbohidratos, proteínas y grasas.

40’s. Para minimizar la reducción en los niveles de hormonas y el inicio de los cambios previos a la menopausia, que conllevan a variaciones de peso, reemplaza las proteínas animales y las grasas por grasas vegetales. Consume en mayor grado nueces, semillas, frijoles y aguacate.

50’s. Para combatir la grasa que se empieza a acumular en el abodomen, debes hacer cambios en tu alimentación.  Elimina lo más que puedas el café y los refrescos de dieta y sustitúyelos por te verde.  Consume la menor cantidad possible de azúcar y date el lujo de una porción de chocolate oscuro de vez en cuando

60’s. Mientras tu cuerpo pierde tono muscular, tu metabolismo se reduce de una manera natural, por lo que estás propensa a ganar peso. Elige alimentos con proteínas que ayuden a mantener la fuerza de tus músculos y trata de quemar calorías haciendo ejercicios adecuados a tu condición y estilo de vida.